Mermelada de tomate, un clásico en la cocina española que se volvió moderno

Quienes tenemos una cierta edad (o sea, más de 40 en esta era de juventud sobrevalorada) recordamos perfectamente que hubo un tiempo en el que el desayuno estándar de tostada con mantequilla o margarina y mermelada ofrecía una gama de variedades más que limitada. La mermelada podía ser de melocotón, de ciruela, de fresa o, quizás, de albaricoque. Algunas personas extrañas optaban por la de naranja, que generalmente era amarga porque se fabricaba con vistas a la exportación. Y ya.

mermelada de tomate

Más allá de las mermeladas ‘normales’

En casa éramos afortunados porque mi madre preparaba todos los años mermelada de tomate, generalmente a finales de verano. Y cuando venían mis amigas a merendar, nos llamaba la atención que a ellas, a sus madres (y a todo el mundo que pasaba por casa, la verdad) les parecía muy raro el concepto “mermelada de tomate”, porque el tomate “no es una fruta”, porque “no es dulce”, porque ya hay “mermeladas normales”…

receta mermelada de tomate

La realidad es que esa costumbre de mi casa existía también en otros muchos hogares, cosa de lo más razonable. La comida española es fiel devota del tomate y en España tenemos la suerte de contar con tomates estupendos durante una parte del año. Olvidemos por un instante los tomates duros, insípidos y acorchados que sufrimos fuera de temporada.

Hoy, se encuentran mermeladas de tomate industriales en el lineal de casi cualquier supermercado. Como, en realidad, es una preparación clásica en muchas cocinas españolas, el tomate fue de los primeros frutos en los que se fijó la industria cuando se puso a comercializar mermeladas diferentes o exóticas que encantaron a los modernos y a muchos profesionales de la restauración en busca de (en muchas ocasiones, una mal entendida) innovación.

A ver dónde encuentras tú ahora una ensalada con queso de cabra sin mermelada de tomate. La cuestión es que en verano los tomates están de plena temporada, se encuentran unos ejemplares estupendos y muchas variedades. Como la producción es abundante, están a buen precio y en su punto de madurez. Y no es raro que las fruterías ofrezcan tomates muy maduros a precios rebajados para darles salida, con el reclamo de que son ideales para hacer gazpacho, para freír… Aunque no lo digan, también son idóneos para hacer mermelada de tomate.

Mis favoritos son los tomates de pera, pero me gusta ir a la frutería, mirar qué tienen ese día y elegir en función de su aspecto y el punto de madurez.

Unos buenos tomates, azúcar y una cocción larga es todo lo que hace falta para hacer una mermelada de tomate que nos dará alegrías durante todo el año.

Aunque el tomate no es dulce como otros frutos, nuestra receta de mermelada de tomate casera ajusta al máximo la cantidad de azúcar. La cocción larga hace aflorar los azúcares naturales del propio tomate y el resultado es meloso y dulce, al tiempo que mantiene ese toque ácido natural del propio fruto. Cuando la pruebas, esa combinación dulce-ácido excita todas las papilas gustativas de una manera muy especial. Y la mermelada hecha en casa contiene menos azúcar que cualquier versión industrial.

 

Receta de mermelada de tomate

  1. Utiliza 2 kilos de tomates lo más maduros posibles. Haz unos cortes poco profundos en los tomates y escáldalos durante un minuto en agua hirviendo para quitarles la piel. Este paso te lo puedes saltar si no te importa que queden las pieles en la mermelada, lo que no supone ningún problema.
  2. Trocéalos y ponlos en una olla. No le quites las semillas, no molestan nada al comer.
  3. Añade 400 gramos de azúcar (20% sobre el peso del tomate) y pon a cocer a fuego medio. Vigílalo y mueve de vez en cuando para que no se pegue. En 45-60 minutos estará listo, ajústalo según tus preferencias de textura. Puedes probar echando una cucharada de mermelada en un plato frio, espera unos segundos, y comprobar si es la consistencia que estás buscando.
  4. Escalda unos tarros de vidrio limpios y sus tapas y llénalos con la mermelada. Ciérralos solo con un cuarto de vuelta de la tapa y ponlos al baño maría unos 10 minutos. Inmediatamente después, ayúdate de un paño para cerrarlos por completo y déjalos enfriar boca abajo toda la noche. Sé escrupuloso con la higiene.

 

¡Gracias, mamá!

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